El Rol de las Entidades Protectoras y el Rol del Estado

Miles de protectores, quienes tienen su casa o refugio lleno de animales abandonados o rescatados, ven con angustia la falta de hogares o santuarios para los miles y miles que continúan siendo abandonados.

En toda la República Mexicana las pocas autoridades dispuestas a aplicar las leyes respectivas para ayudar, no han sido equipadas con los recursos ni infraestructura necesaria.

Los rescates se limitan o no se llevan a cabo y que decir de la aplicación de las leyes, normas y reglamentos…

¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO MAL?

¿CUÁL ES EL ROL DE LOS PROTECTORES Y DE LA COMUNIDAD EN GENERAL?

A este respecto, a continuación compartimos el texto de análisis elaborado por Marta Dobry, tomado de  acerca de la tarea de gobierno y comunidad.

 

El Rol de las Entidades Protectoras y el Rol del Estado

¿Colaboración o colaboracionismo?

Por la Dra. Marta Dobry

Introducción

En este material efectuamos un breve análisis del rol que deben cumplir las entidades protectoras, el rol que le corresponde al Estado, y también de la situación de personas y entidades que se transforman en cómplices de la matanza de perros y gatos. Empecemos despejando el campo, para delimitar qué vamos a tratar.

Todos sabemos que hay entidades eutanásicas que matan animales o son cómplices de la matanza que hace el Estado, pero no vamos a tratar aquí este tema, ya que existe abundante material producido al respecto.

También sabemos que hay personas y entidades que son cómplices de la matanza que hace el Estado y que desde el principio tuvieron mala intención: es gente que se aprovecha de los animales para obtener pequeños -o grandes- beneficios personales de diversa índole, sean materiales o no. Pero aquí tampoco vamos a hablar de ellos. Nos vamos a circunscribir a analizar solamente el caso de quienes

· se presentan como no- eutanásicos
· comienzan a colaborar con buena intención con organismos oficiales que trabajan mal
· y se convierten en colaboracionistas.

 

Para esto, intentaremos clarificar en primer lugar la gran confusión que existe (que se nota en múltiples comentarios y consultas que nos hacen) respecto del rol de las entidades protectoras y del rol que le corresponde al Estado. Y –una vez aclarados esos puntos- pasaremos a explicar cómo y por qué hay entidades o personas que se presentan como no-eutanásicas pero que son cómplices de matanza de perros y gatos porque colaboran con entes oficiales que –por trabajar mal- los matan activa o pasivamente.

Los organismos oficiales que trabajan mal tienen 3 variantes que -si bien son diferentes- terminan en lo mismo, porque tienen un denominador común. Se trata de:

· antirrábicos que matan animales activamente;
· antirrábicos que no los sacrifican pero que cuentan con pésimas condiciones de alojamiento (en cuanto a jaulas, comida, higiene, atención veterinaria inexistente), y nulo o ínfimo trabajo en castraciones;
· antirrábicos que no matan, que tienen buenas condiciones en lo edilicio (aunque siguen desatendiendo la salud y la higiene de los animales), pero que tampoco trabajan ni para lograr el control de la superpoblación, ni brindando servicio veterinario.

Decimos que las 3 variantes “terminan en lo mismo”, porque en los 2 últimos casos, si bien no matan activamente, siguen sin hacer nada para lograr soluciones efectivas. Es decir, el denominador común entre las 3 es que no trabajan, ya que en los 2 últimos casos, sólo se sientan a esperar que la superpoblación siga creciendo, que la situación produzca conflictos en ciertos sectores sociales, hasta que “la población” les pida que maten…

 

PRIMERA PARTE

Rol de las entidades protectoras. Rol del Estado.

En quienes se ocupan de la problemática de perros y gatos, con bastante frecuencia se parte de la idea de que “la historia comienza cuando yo llego”, y entonces siempre hay que empezar desde cero, como si nada hubiera sucedido en tantos años de proteccionismo y de seudoprotección… Por eso, a pesar de que hay suficiente experiencia acumulada al respecto como para desaprovecharla, algunos vuelven a cometer los mismos errores y a transitar por los mismos callejones sin salida por los que otros ya anduvieron hace décadas. Y por más que lo hagan “ingenuamente” o con buena intención, lamentablemente lo que consiguen es dificultar y retrasar el logro de los objetivos que buscamos, en los que (suponemos y esperamos) coincidimos todos los que nos llamamos “no eutanásicos”.

Lo primero que tenemos que tener claro es que ser “eutanásico” no es sólo matar animales con las propias manos, sino también justificar o avalar que otros lo hagan. Y éste es el riesgo de transitar esos viejos caminos recorridos por muchas entidades “protectoras” que sirvieron (consciente o inconscientemente) tanto para avalar lo que se hacía en esos entes públicos (matar perros y gatos) como para avalar lo que no se hacía (castrar en forma masiva, gratuita, sistemática y extendida, y proveer servicio veterinario).

Y, ¿cómo sirvieron para avalar eso que se hacía y eso que no se hacía?: creyendo en los mitos difundidos por los malos funcionarios. Aquí vamos a analizar 3 de esos mitos:

Mito 1: “la culpa es de la gente, que es mala e irresponsable, que abandona, que le falta educación, que no adopta” (y –cabe agregar- que es la que les paga el sueldo a ellos) y también “la gente, que no toma conciencia de que tiene que hacer castrar a su animal” (pagándole a un veterinario privado, por supuesto).

Mito 2: “la culpa es de las entidades, que no se hacen cargo de su rol, que consiste en retirar a los animales sin dueño para conseguirles hogar, o para llevárselos a sus propias casas o refugios, y que tampoco toman a su cargo (pagándoles a veterinarios privados, por supuesto) la castración y la atención veterinaria de los animales sin dueño o que pertenecen a gente que no puede o que no quiere pagar”.

Mito 3: “la culpa jamás es de los funcionarios, que están obligados a hacer lo que hacen porque cargan con las consecuencias de lo que la gente y las entidades hacen mal” (cuando, obviamente, es justo al revés).

Analicemos brevemente estos mitos:
1. La gente:
Si bien es cierto que existe gente mala, irresponsable, que abandona, que no adopta, a la que le falta educación, es sabido que la única forma de lograr ciudadanos responsables (en cualquier tema) es a través del ejemplo y la acción, fundamentalmente de los gobernantes. Por lo tanto, en la medida en que el municipio siga evadiendo sus responsabilidades, descargándolas sobre las espaldas de ciudadanos y ONGs (*) y cediendo a las presiones corporativas del gremio veterinario, difícilmente pueda exigirle responsabilidad a alguien. Porque si el Estado carece de la voluntad política de desterrar la matanza y hacerse cargo de realizar las tareas preventivas para controlar la superpoblación y de proveer servicio veterinario, no le puede exigir a la gente “la tenencia responsable de animales”, el versito preferido de funcionarios y corporación veterinaria.

Ya está comprobado que donde el Estado trabaja bien, la gente responde bien, demostrando que la mayor parte de la gente no es ni tan mala, ni tan ignorante o irresponsable como se dice.

2. Las entidades protectoras
Su rol no es el de hacerse cargo de las consecuencias de lo que los funcionarios hacen mal o no hacen, sino que su rol es: denunciar estas situaciones, luchar para que se logre legislación adecuada y luego controlar que el Estado la cumpla. Porque ése es el rol de cualquier ONG.

Y si no, vayamos a algunos ejemplos:
· Una entidad defensora de los Derechos Humanos denuncia diversas violaciones a estos derechos, reclama leyes que los protejan, o –si ya existen- exige su cumplimiento. ¿A alguien se le ocurriría como respuesta: “Bueno… si no les gusta, llévense a sus locales o a sus casas a las víctimas cuyos derechos fueron violados”?

· Una ONG, por ejemplo Greenpeace, denuncia que se está contaminando el agua de los ríos con residuos tóxicos, y exige que se respeten las leyes al respecto. ¿A alguien se le ocurriría como respuesta: “Bueno… si no les gusta, encárguense ustedes de hacer la depuración de las aguas contaminadas, llévense a sus locales o a sus casas los residuos tóxicos, y también llévense a las víctimas de esa contaminación, y denles atención médica”?

Vamos a dar otros 2 ejemplos que –si bien no corresponden al ámbito de las ONGs- ayudan a comprender la situación:
· Ciudadanos de una comunidad protestan por la atención en el hospital, en el que a los pacientes se les da mal servicio, se los desatiende, algunos salen peor de lo que entraron, y otros mueren sin razón. ¿A alguien se le ocurriría que sería lógico que les respondan: “Bueno… si no les gusta, llévense a sus casas a los pacientes y cúrenlos ustedes”?

Y un buen ejemplo para esgrimir frente a un político (sobre todo si es opositor al gobierno):
· Un partido político protesta por la política económica que lleva adelante un gobierno, que condena a la gente al hambre y al desempleo, y reclama a las autoridades un cambio de rumbo. ¿A alguien se le ocurriría como respuesta: “Bueno… si no les gusta, llévense a sus locales o a sus casas a los “sin techo”, denles de comer, y denles o consíganles trabajo a los desocupados”?

Por supuesto, en todos estos ejemplos queda claro cuál es el rol de las ONGs y resulta obvio lo ridículo de esas respuestas hipotéticas. Sin embargo, en las entidades que se ocupan del tema de perros y gatos todavía persisten esas ideas equivocadas, que conducen a que algunos –sin quererlo- se vuelvan cómplices.

3. Los funcionarios:
En cuanto a los mitos sobre su no-culpabilidad, caben algunas reflexiones:
· los funcionarios no son “los dueños de casa” en sus puestos de trabajo, ya que las dependencias públicas pertenecen a la comunidad.

· nadie obliga a nadie a ser funcionario, sea de la categoría que sea (presidente, ministro, director de un antirrábico, veterinario municipal, jaulero u ordenanza). Ellos son los que eligieron ocupar esos cargos, cobrando sueldos (altos o bajos, pero fue su elección) que les paga la comunidad, para que trabajen para la comunidad.

· los malos funcionarios suelen apelar a frases como “cuando las cosas se desbordan tenemos que tomar medidas difíciles”. Es importante resaltar que por ejemplo en Rosario (Prov. de Santa Fe) y en Almte. Brown (Prov. de Buenos Aires), ya hace varios años que la Municipalidad no usa la excusa del “desborde” para matar animales, ya que esta excusa es utilizada sólo en los lugares donde matan porque lo que quieren es seguir matando, negándose a trabajar correctamente, y conduciendo ellos mismos a esos “desbordes”… ¡de los que después se quejan! Es decir, ellos arman el famoso “círculo vicioso”: los malos funcionarios se metieron ellos mismos en una calesita, porque les gusta dar vueltas y quieren la sortija. Pero cuando la gente o las entidades les reclaman que dejen de dar vueltas y trabajen como corresponde, se niegan a hacerlo pero dicen que la culpa es de otros (la gente y las entidades, por supuesto) que –según ellos- los empujaron a subirse, y los obligan a seguir prendidos a la calesita y a girar sin parar.

Es indispensable desterrar estos mitos, porque de lo contrario, la escena resulta así: las entidades protectoras acusan a la gente de todo lo que ya mencionamos, y la gente acusa a las entidades de no hacerse cargo; y –mientras tanto- los malos funcionarios se restriegan las manos, viendo ese fuego cruzado que a ellos los deja indemnes. Pero tenemos que entender que los primeros que tenemos que desterrar esos mitos y tener claro cuál es nuestro rol somos nosotros. ¿Por qué? Porque fíjense que ni esos grupos de ciudadanos, ni ningún partido político, y por supuesto ninguna ONG aceptaría esas respuestas ridículas que mencionamos antes, sencillamente porque ellos tienen muy claro que ése no es su rol. Y, al tenerlo claro ellos, también le transmiten eso claramente a la sociedad. Y por la misma razón, los funcionarios no se atreverían a darles semejantes respuestas absurdas a sus reclamos.

Por eso, mientras esos mitos sigan vigentes en las entidades protectoras, y sigamos dejándonos embaucar con respuestas que nadie más admitiría, no vamos a poder convencer a la comunidad de que no deposite en las entidades problemas y responsabilidades que le corresponden al Estado, ya que le competen a la comunidad en su conjunto, y el Estado es –precisamente- “la comunidad organizada”. Y mientras sigamos sosteniendo esos mitos, tampoco vamos a lograr que los funcionarios se hagan cargo de lo que les corresponde.

 

SEGUNDA PARTE

Colaboración… ¿o colaboracionismo?

Entidades cómplices de la matanza de perros y gatos.
Cuando se colabora con una entidad pública, como un antirrábico que mata animales (activa o pasivamente), se corre el riesgo de transformarse en cómplice. ¿Cómo y por qué?

1) Se les provee el barniz que ellos necesitan para seguir matando, ya que allí “trabajan proteccionistas”. De hecho, en los municipios donde imperan la muerte y la desidia, los funcionarios no pierden oportunidad para declarar ante los medios que ellos trabajan “en conjunto con protectoras de animales”…

2) Les viene fantástico que vaya gente a limpiar y a dar de comer a los animales, tareas que deben cumplir ellos, ya que para eso reciben el sueldo que la comunidad les paga.

3) Les viene bárbaro tirarle encima a la gente que colabora la responsabilidad de las adopciones y de la atención veterinaria de los animales, atención que –en general- esa gente pasa a pagar de su propio bolsillo.

4) Los malos funcionarios logran así su objetivo de que los particulares cedan al chantaje, que puede sintetizarse en: “si ustedes no quieren que los matemos, llévenselos”.

5) El planteo inicial de la buena intención del “colaborador” generalmente es: “las autoridades de aquí son insensibles y les interesan 3 pepinos los animales, así que tenemos que colaborar como podamos en lo que sea (darles de comer, pasearlos, limpiar) y también sacar animales del antirrábico, para salvarlos de la muerte (activa o pasiva) que allí les espera”. Pero al poco tiempo comprueba que -por más buena que sea su intención- el horror continúa… y el “colaborador” comienza a encubrir el horror, porque aparece el miedo. Miedo a que –si denuncia lo que allí ocurre- los funcionarios se “enojen” y dejen de hacerle el “favor”… Porque considera “favor” a que le “permitan” ingresar al antirrábico, limpiar y dar de comer. También ve como “favor” que no maten a algunos animales y le “permitan” sacarlos y darlos en adopción o llevárselos a su casa o refugio; o a que le den turnos para castraciones. O tienen miedo de que si los funcionarios se enojan, tomen represalias contra los animales alojados en el antirrábico; o también porque el “colaborador” tiene un refugio que está bajo permanente amenaza de allanamiento o de desalojo municipal.

Y entonces, cuando el “colaborador” encubre el horror y los delitos que allí se cometen, se transforma en colaboracionista.

6) Con mucha frecuencia, los que han “colaborado” con buena intención al principio con esos entes oficiales hicieron un proceso de involución casi inevitable, porque necesitaron encubrir el horror y sus causas hasta para con ellos mismos. Y así terminaron justificando las acciones de los funcionarios y dedicando su energía a descubrir cuál es el “mejor” método de matanza de animales; o a refaccionar las jaulas y calefaccionar… pero para hacer confortables las últimas 48 horas de sus vidas, porque terminan convencidos de que la solución es matar… “pero rápido, y con métodos piadosos” (¿¿¿???). Y esto sucede porque cuando los que colaboran con esos lugares se dan cuenta de que como particulares no pueden encontrar casa para todos, ni llevarse a todos a sus propias casas o refugios, ni pagar veterinario y tratamientos para todos, terminan conformándose con salvar a algunos y avalar la muerte de los demás.

Hay quienes dicen –para justificar esta complicidad- que hay cosas que “están más allá de uno”, y es cierto. Pero otras no. Porque hay cosas que sí dependen de nosotros: 1) informarnos correctamente, aprovechando en beneficio de los animales la experiencia acumulada; 2) no encubrir, no transar, y sí denunciar a estos entes oficiales que –respondiendo a las presiones de los Colegios de veterinarios- siguen insistiendo en matar y/o en no trabajar; 3) movernos para que los Concejos Deliberantes de cada municipio aprueben la Ordenanza que prohiba sacrificar (sin admitir excepciones) y obligue a los antirrábicos a realizar las castraciones masivas, gratuitas, sistemáticas y extendidas a los barrios y a dar servicio veterinario; y 4) presionar luego para que el Ejecutivo municipal cumpla la Ordenanza.

Volvamos a Rosario: allí existe la Ordenanza que prohibe sacrificar animales (que se logró gracias a la presión y al trabajo de las entidades rosarinas que no colaboraban con el antirrábico mientras allí se siguiera matando) y existe la voluntad y la decisión por parte de las autoridades de cumplirla. Por eso, no sólo no se mata, sino que trabajan cada vez con mayor intensidad en las castraciones masivas, para lograr el objetivo de controlar la superpoblación de perros y gatos (en los primeros 10 meses del año 2000 la Municipalidad efectuó 9.050 esterilizaciones). Y en lo que ahora se llama I.Mu.S.A. (Instituto Municipal de Salud Animal, el ex antirrábico) se comienza a dar servicio de salud para los animales. Además, es la propia Municipalidad de Rosario quien se encarga de lograr las adopciones (580 en los primeros 7 meses del año 2000). Pero es fundamental saber que -cuando esto comenzó- a las autoridades de ese momento les importaban los animales los mismos “3 pepinos” que les importan en muchos otros municipios (y lo demostraban cabalmente matando 6.000 perros por año y no castrando), y –sin embargo- hoy Rosario es un modelo en el país y en el mundo.

Por eso enfatizamos la importancia de informarse correctamente, porque si no, nos quedamos con la impresión de que –por ejemplo- Rosario funciona así desde siempre, o que funciona así porque el cambio lo iniciaron autoridades que estaban interesadas en los animales, y no fue así. Si bien las autoridades actuales quieren que las cosas funcionen bien, y –de hecho- le dan gran impulso a la tarea, esto no comenzó siendo así. No fue fácil, pero se logró. Y sigue habiendo dificultades (especialmente por la presión del Colegio de veterinarios) pero están firmes.

En el Centro Municipal de Sanidad Animal y Zoonosis de Almirante Brown también se trabaja en esa dirección. También allí la entidad protectora local logró (no transando, y teniendo claros los objetivos) que se aprobara la Ordenanza que prohibe matar animales y que obliga al ente estatal a realizar el control de la superpoblación a través de las castraciones masivas, tarea que están intensificando día a día. Y también existe la voluntad y decisión política de las autoridades del Dpto. Ejecutivo de cumplirla.

Nada de esto se hace en los lugares donde quieren seguir matando, castrando cifras irrisorias que jamás lograrán controlar la superpoblación, y descargando en la gente y en las ONGs las responsabilidades que le competen al Municipio. Las experiencias de Rosario y Almirante Brown dejan claro que a los funcionarios (desde el Intendente hasta el jaulero) no los necesitamos “sensibles”, sino que lo que se necesita es que hagan lo que deben hacer. Pero para que lo hagan es indispensable que las entidades protectoras tengan claros los objetivos, no transen y no confundan su rol.

Indudablemente, es importante salvar a algunos (aunque no querríamos estar en los zapatos de alguien que –por colaborar con estos lugares- se vea en la situación de oficiar de Poncio Pilatos, subiendo o bajando el pulgar según “corresponda”). Pero no creemos que uno pueda quedarse con la conciencia tranquila sabiendo que mientras se está salvando a algunos, se está avalando la muerte de los demás, haciéndoles el trabajo más fácil a los verdugos.

Por supuesto, comprendemos (porque la compartimos) la desesperación que embarga a todos frente a la certeza de que se van a matar animales. Pero esa desesperación debe conducirnos a conseguir que no se mate más a ninguno, y no podemos pasar por alto que cuando se ingresa en ese laberinto de complicidades, el camino conduce a que –eternamente- se pueda seguir salvando sólo a algunos.

Quienes se consideran no-eutanásicos no deben incursionar en situaciones que inexorablemente se transforman en complicidad, por lo que llamamos a reflexionar a quienes estén involucrados en este tipo de situaciones para que modifiquen su accionar. Pero si decidieran no modificarlo, comprendan que no pueden seguir considerándose ni presentándose ante nadie como “no- eutanásicos”.

(*) ONG: Organización No Gubernamental

Texto escrito por Marta Dobry tomado de Abogados de Animales México A.C.
Post Original: https://www.facebook.com/notes/abogados-de-animales-mexico-ac/importante-el-rol-de-las-entidades-protectoras-y-el-rol-del-estado-colaboración-/927755537284501/

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